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Parte Uno - Parte Dos - Parte Tres- Parte Cuatro"Oh Dios; podría yo estar aprisionado en una nuez, y aún así ser un rey del espacio infinito” (Shakespeare, en Borges, 1982, p.59)Hay quienes dicen que, publicada en 1967, Cien Años de Soledad fue la novela que le valió el Nóbel a García Márquez. Distinciones políticas a parte, la novela resulta una de las piedras angulares dentro de la literatura latinoamericana del siglo XX. Quizá una de las obras más representativas del ideario y el imaginario latinoamericano, Cien Años de Soledad retrata la sociedad de Macondo, un pueblo que podría estar en Colombia, en los Altos de Jalisco, o en una isla del Caribe, y seguiría siendo Macondo. Aislado, en el medio de la nada latinoamericana, Macondo es tan lejano en el tiempo que para señalar todas las cosas nuevas hay qué apuntarles con el dedo. ¿Pero qué tan de la antigüedad es el realismo mágico, casi alquímico de la ciencia moderna? La sociedad actual y la necesidad de un Realismo Mágico Integrado El Llamado Realismo Mágico establece una nueva visión de la realidad. La modernidad, y posmodernidad, ha insensibilizado tanto al hombre que toma todo por dado. Lejos, en el pasado, están los tiempos cuando la capacidad de sorpresa nos hacía tener qué apuntar con los dedos a todas las cosas que eran nuevas bajo el sol. La actualidad, gris y llena de mercantilismo y sobrecarga mediática, ha tratado de borrar la capacidad de sorpresa de la población, el cuestionamiento, el análisis. El realismo mágico es el absoluto contrario; la visión de una realidad donde todo lo que es considerado magia, o lo irreal es posible. ¿Llegará el momento en el que la gente no se sorprenda al ver una ascensión? Cerebros entumidos por imágenes de guerra, noticiarios amarillistas, telenovelas genéricas, caminarían entre las calles grises. Evitarían mirar de cerca el brillo, esquivarían al que asciende o le apedrearían. Perder el tiempo mirando esta magia exagerada los haría llegar tarde al trabajo. ¿Qué pensará la sociedad si me detengo? ¿Cómo afecta esto mi fondo para el retiro? No habrá qué exagerar tanto las cosas, claro. La sociedad actual sí tiene la mente entumida y la capacidad de sorpresa atrofiada por la influencia de medios de comunicación aleccionantes. Los aparatos ideológicos de estado y la elite sí han, por supuesto, creado una sociedad donde aquel que ve la vida en technicolor y no se conforma con el gris conformismo corporativo, aquel ente que aún ve lo mágico de lo diario, está fuera de nómina. El punto clave del realismo mágico es la capacidad de sorpresa, la exageración de una característica clave, la captura de un momento tan irreal, que sólo la realidad es capaz de producir. No es cuestión de transportarnos al mítico Macondo o a alguna ciudad invisible de Calvino; el realismo mágico es Aquí y Ahora. Vivimos rodeados de coincidencias legendarias (un ejemplo clave en la literatura es el cuaderno rojo de Paul Auster), hechos milagrosos, verdaderos prodigios, objetos cuasimágicos, y hasta los colores de la tarde. Vivir en el Realismo Mágico es recobrar la capacidad de sorpresa, aislarnos del laberinto diario que nos convierte en ratas corporativas. Una muestra fundamental del Realismo Mágico en la realidad actual es la ciencia moderna. La Ciencia Moderna como Ejemplo del Realismo Mágico Antes de que el lector juzgue de loco a este remedo de escritor, hemos de discutir un caso reciente, cuya referencia, perdida entre las noticias de guerra, quizá es imposible de encontrar fuera de la red de datos. Recientemente, un grupo de científicos japoneses inventó un sistema que simula la invisibilidad del que lo usa. Con una serie de cámaras y proyectores sincronizados, integrados en un sistema personal, el usuario se vuelve invisible, o al menos transparente. Una chica japonesa, en las noticias, pasó una cartulina blanca por sobre su cuerpo, y el haz de luz la convirtió en una ventana. A sus espaldas, los transeúntes podrían ser vistos transitar a los trenes que los llevarían a su trabajo. ¿No es esta invención algo que, en el Macondo de 20XX, los gitanos tratarían de venderle a un José Arcadio o Arcadio José? Muchas más invenciones de la ciencia moderna figuran dentro de los reinos del realismo mágico, por supuesto. Aún me es imposible creer (si bien me cuesta trabajo apuntarle con el dedo), que una aguja de diamante sea capaz de reproducir las voces grabadas en una tortilla de plástico negro. No me entra en la cabeza que un haz de luz invisible pueda almacenar el Louvre, la obra completa de Cortázar o el Ciudadano Kane en un esbelto redondel de reflejos multicolor. Podemos ver el monte Fuji en-este-momento (aunque a esta hora es de noche) porque a un ciudadano genérico se le ocurrió conectar una cámara y apuntarla a su ventana, del otro lado del mundo. ¿Por qué juzgar como Realismo Mágico a esta serie de experimentos humanos? Justamente, porque, como la misma técnica literaria del realismo mágico, los científicos intentan reproducir la realidad, añadiendo, casi a exageración, elementos que nunca antes habrían sido posibles, posibilidades ignoradas por los cerebros entumidos. Los científicos toman elementos reales (estirando la realidad hasta que pueda contener la magia, diría García Márquez), analizando la situación donde se encuentran, y los miran de forma distinta. ¿Qué ocurriría si este haz de luz reprodujera el concierto de la filarmónica o volviera invisible a esta mujer japonesa? Utilizando elementos del realismo, en este caso los conceptos ya existentes en la técnica de la realidad, los científicos intentan representar algo aún irreal, y lo convierten en parte de su representación y descripción, por ende, en parte de la realidad. En cierta forma, la relación entre la ciencia y la gente es como la que Melquíades y Jose Arcadio llevan al inicio de la novela Cien Años de Soledad. En primera, en un punto donde aún existe la capacidad de sorpresa, la ciencia es un objeto cuasimágico. Pueden darse exhibiciones de los diversos prodigios de los nuevos inventos, y será como una carpa de gitanos. La naturaleza de las nuevas invenciones las convierte en espectáculos. El rayo láser no sería tan amado por las masas sin convertirlo en cisnes y estrellitas en una exhibición nocturna. La interpolación de Diodos Emisores de Luz no dice nada al hombre hasta que no se la convierte en un reloj en forma de palo de golf. Pero son estas manifestaciones de la ciencia, las que permiten a los científicos hacer el realismo mágico aquí y ahora. Si bien también una visión llena de sorpresa por parte del mismo ser humano (los colores del cielo son hermosos, puedo comunicarme con mi gato, las hojas bailan en patrones espirales con el viento) puede volver mágica a la realidad, lo que es cierto es que la ciencia es la que vuelve esta magia un asunto de la vida diaria. Justo ahora, un panel relleno de vidrio líquido refleja, al instante, letra por letra, el ensayo que estoy tecleando. Oprimiendo un botón, convertiré esto en un documento impreso. Podría, incluso, hacerlo llegar a Monterrey sin imprimirlo, y al instante. No comprender los principios detrás de los avances científicos los hace aún más mágicos. Son tantos los avances de la técnica, que cada vez es más extraño y sorprendente lo que la humanidad es capaz de inventar. Los inventos llegan al pueblo a altos precios y los pocos pioneros que los adoptan pueden resultar, justamente, como José Arcadio ante el gitano. La conciencia del científico o del artista, aquellos dos seres que pueden ver la magia de la realidad, también será juzgada por los que se encuentran alrededor, y ven la vida gris. Aquél que enseña ciencia o arte, pervierte a los niños, los vuelve locos con una ilusión de que la tierra es totalmente redonda. Nada más temible que la noción de que, en la realidad, hay una magia más allá de la rutina.
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